Si cerca de la Tierra hubiera algún planeta habitable soleado y con olor a perfume Lacoste, estaría poblado por futbolistas de primera de todo el mundo. Me cuesta imaginarme una casta tan privilegiada y marciana como la que conforman algunos futbolistas de Primera División, que siguen en su limbo, exigiendo jornadas laborales reducidas, reducciones fiscales y sueldos de antaño.
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