Un cartel en la fachada del edificio Zelaieta anima a los vecinos de Amorebieta-Etxano, también llamada por algunos Zornotza, a hacer un uso más frecuente del euskera.
Pero la vida y las costumbres van por caminos diferentes y variados. Ante nuevas realidades y nuevos vecinos, surgen nuevas palabras, lo mismo en euskera que en castellano. En un tiempo, ante la emigración de extremeños, cerca del puente que algunos llamaban el Puente de las viudas surgió un montón de pequeños huertos al borde de la carretera que muchos dieron en llamar el Plan Badajoz. Las huertas han desaparecido y el nombre también.
No sabemos por qué un arroyo que cruza el pueblo del lado norte recibe la designación de Kantarranas, y ha dado nombre a una revista local. Recientemente el Ayunmtamiento ha instalado en la orilla del río Ibaizabal unos acotados vallados para aparcar a los perros, y ha surgido un nuevo nombre, ‘perriparque’.
Y no hablemos del pintxo, ni del Pintxo-pote, ni del Botellón, ni de la Bañera, ni de las Humedades, nombre extraoficial de un barrio camino de Lemoa, ni del Himalaya, oficialmente Belatxikieta… ¿Y dónde colocar el calificativo de borono, del lado del euskera o del lado del castellano?
Una nueva ola lingüística se nos asoma últimamente con la llegade emigrantes del Este europeo, que han plantado sus tiendas de productos locales de su patria y sus txiringuitos de chuches por todo el pueblo, de las distintas confesiones religiosas, y sus capillas religiosas en el extrarradio.
Y para más ‘inri’, los grupos sociales, por ejemplo los jubilados, que suelen aparcar, al menos los extremeños, en un rincón de la plaza del ayuntamiento al que han dado el nombre de la Moncloa, en competencia reñida con la residencia del jefe del gobierno del Estado. Y los restaurantes chinos, con sus variados menús asiáticos…
Decididamente, el mundo está cambiando. No queda más que aplaudir y promocionar el letrero de Zelaieta que nos llama a promocionar el euskera: Gehiago, gehiagorekin, gahiagotan.