Las huertas lúdicas promovidas por el Ayuntamiento de Iurreta son “un ejemplo a imitar en el resto de municipios de la comarca”, según el técnico de Lur 2000 y responsable del complejo, Ramón Zearreta. Una iniciativa que ha tenido un “espectacular” éxito y que permite construir “vergeles en nuestras ciudades”.
Iurreta se convirtió, a finales del pasado año, en el primer municipio de la comarca en ofrecer a sus vecinos la posibilidad de cultivar sus propios productos en terreno municipal. Para ello, dispuso de un terreno con 43 parcelas de 75 metros cuadrados en el barrio de Iturburu para promover la agricultura ecológica.
El éxito, tanto en el interés despertado entre los usuarios como a nivel productivo, es definido de “espectacular” por Zearreta, que considera que el resto de poblaciones no deben dejar escapar la oportunidad de imitar este sistema para implantarlo en terrenos “abandonados”.
El técnico de Lur 2000 asegura que cualquier municipio puede sacar adelante este tipo de huertos en zonas a las que no se da uso y conseguir convertirlas en “jardines botánicos, ecológicos y, encima, de producción, ya que aparte de flores y árboles, tenemos todo tipo de hortalizas y verduras”.
“Este es el principio de un gran proyecto con múltiples beneficios”, explica, “tanto para mantener ocupadas a personas desempleadas o en exclusión social como para aquellos que quieren relajarse con esta actividad, que es un auténtico anti-estrés”.
Un placer indescriptible
Entre estas últimas se encuentran Begoña Urresti y Begotxu Lauzirika, madre e hija, que no pueden ocultar el entusiasmo de trabajar en sus parcelas que miman como si fueran uno más de la familia. “Hace poco hicimos una comida a la que llevamos productos recogidos aquí”, relata Begoña, “y el placer que sentimos, tanto por el sabor de los productos, como por el orgullo de ser algo hecho por nosotras, no se puede describir”.
Ambas, son el ejemplo perfecto de la mezcla de edades que componen los usuarios de los huertos, entre los que se hayan personas con experiencia previa en sus propios terrenos, como aquellos que llegan con la “mente limpia” como Begotxu. “Al principio llegué a pensar que me estaba metiendo en un pequeño lío”, confiesa, “pero ahora estoy disfrutando una barbaridad y se me pasan las horas volando”.