Este fin de semana nos hemos encontrado con unas declaraciones de Jesús Egiguren, presidente del PSE, que adquieren una mayor relevancia y resonancia porque se realizan cuando estábamos pendientes de la histórica decisión que al parecer estaban a punto de tomar los representantes de la izquierda abertzale ilegalizada. Las declaraciones de Egiguren han levantado un enorme revuelo en la clase política, hasta el punto de que el propio lehendakari y secretario general de su partido, e incluso el ministro del Interior, se han visto obligados a desautorizarle de forma inmediata.
¿Por qué tanto revuelo? Ante el proceso que está llevando adelante la autodenominada izquierda abertzale con el fin de lograr la liquidación definitiva de la violencia o su desvinculación respecto a ella, Egiguren apuesta por la intervención consensuada de las fuerzas democráticas para facilitar el proceso, facilitando vías para la legalización de la antigua Batasuna e incentivando diferentes vías de reinserción para los presos y exiliados, una propuesta netamente democrática que en absoluto traspasa los límites del Estado de Derecho. Los gobiernos central y autonómico, y el partido socialista, por el contrario, siguen optando por la inhibición en el proceso, manteniéndose exclusivamente en la defensa y aplicación de la política antiterrorista. La discrepancia no se sitúa, por lo tanto, en los principios, sino en el terreno de la operatividad, algo que al parecer no ha entendido el lehendakari López cuando destaca la firmeza de sus “principios antiterroristas” al pretender desautorizar a Egiguren. ¿Son distintos los principios del lehendakari y los de Egiguren? El lehendakari confunde posturas con principios, y esa confusión además de errónea no deja de ser peligrosa.
La propuesta de Egiguren nos trae inevitablemente a la memoria el proceso de abandono de las armas e inserción de los polimilis, una vía que funcionó, y que ahora se pretende desautorizar. A veces pienso en el obstáculo que puede suponer para la paz la inquietud y preocupación que genera en diferentes partidos la posibilidad o probabilidad de que el proceso iniciado por la autodenominada “izquierda abertzale” termine rompiendo amarras con ETA y recorriendo el camino hacia la legalidad. La más que probable presencia de esta formación en las próximas elecciones autonómicas del 2013 en el País Vasco cambiará radicalmente el juego de mayorías que ha permitido a Patxi López ser lehendakari con el apoyo de los populares vascos. Es algo que Egiguren ve muy probable cuando afirma que “perder habiendo conseguido la paz, eso sí que sería una derrota dulce. Mucho más dulce que una victoria sin haber conseguido la paz”…
Por otra parte, el hipotético escenario de cese de la violencia situaría al PNV en su intento de mantener su posición de liderazgo en Euskadi ante dos claros contrincantes: por un lado, el dúo PSE-PP que actualmente mantiene a López en el Gobierno vasco y, por otra parte, una posible alianza independentista que ya empieza a vislumbrarse, que podría estar formada por Aralar, EA y la formación que surgiera de los restos de la ilegalizada Batasuna tras el cese de la violencia terrorista, alianza de la que el PNV podría verse excluída.
En fin, a veces mirar hacia el futuro ayuda a entender el presente.
Se nos ha ido José Saramago, persona admirable, magnífico escritor, hombre comprometido, ejemplo de humanidad. Mi primer impulso ha sido escribir sobre él, pero no debía robarle esta oportunidad a nuestro compañero columnista Honorio, A él le corresponde glosar la figura de Saramago por su cercanía literaria e ideológica. Honorio no nos fallará.