En estas últimas semanas estamos viviendo en la incertidumbre de si tendremos que armarnos para nuestra seguridad o será para nuestra defensa. O ambas.
Nunca he tenido dudas, desde que perpetué para mi fuero interno la frase de “más vale tener una pistola y no necesitarla que necesitarla y no tenerla” de la trepidante e inolvidable “Amor a quemarropa” (En versión original “True Romance”).
En mi vida cotidiana lo aplico como consejo práctico, cuando veo negros nubarrones y cojo el paraguas, siempre que salgo en bici y me llevo media docena de higos secos, etc.
Por un lado, las noticias que corren me provocan una cierta ilusión. Una alegría volver a los años 60-70-80, a las flores en el pelo si vas a “Frisco”, a Woodstock, a la “mili” obligatoria (en el siglo XXI también para las mujeres), a los movimientos de objeción de conciencia y sus sentadas en calles y plazas, a la guerra del Vietnam que perdieron los EE.UU., a “Terciopelo azul” de David Lynch…
En marzo de 1986 el señor X nos hizo pasar por el aro y nos metió en la OTAN. El querido Profesor Don Tierno eludió el mal trago y nos dejó un mes antes.
La otra cara, la triste, es que no hemos asimilado nada y lo peor del asunto, quizás sea que no hemos sabido transmitir a nuestros hijo/as y nieto/as las enseñanzas que procuramos extraer de aquellos “maravillosos” años y lo fantástico que era tener opinión, virtud que escasea y que se augura como actividad peligrosa en un futuro próximo.
Me comenta un buen amigo que hemos ignorado lo aprendido, les hemos evitado a nuestros vástagos “el disgusto” de conocer su propia historia, educándolos ajenos a nuestro/su pasado y al mundo…y ahora van a tener que instruirse de golpe al respecto. Pero bueno, los niños son gente seria: no conocen lo imposible y saldrán del atolladero.
El emperador galáctico Sheev Palpatine y el nuevo zar que pretende volver a serlo de todas las Rusias están hurgando en el avispero. Me pregunto si la próxima pandemia que suframos se llamará guerra.
En cualquier caso, voy a empezar a construirme un búnker bajo el suelo de mi calle (no tengo pistola), porque la iglesia de Santa María, de infausto recuerdo, en esta ocasión no nos serviría como refugio seguro, a pesar de que “ellos” solo quieran quedarse con las tierras raras.
Mi madre solía decir que, cada generación, sufría una guerra, y no le faltaba razón. Nació en los años 30’ , sus padres y abuelos también las padecieron, se remontaba a la última guerra carlista. Si consideramos la violencia de los últimos años en Euskadi, como una guerra de baja intensidad, y que adolescentes y jóvenes no conocieron falta( según el vaticinio de mi madre) otra guerra. Espero que no, pero quién sabe.
Putin aspira a la Rusia de Pedro II , el Grande, que tenía territorios de los países que hoy están en la OTAN ( desde Finlandia hasta Ucrania) y si España es uno más de los 27 y está en la OTAN, lo está para todo, no sólo para beneficiarse de los fondos next generation. Las madres son muy listas.