
El domingo se celebró la I Feria de Plantas y Jardinería de Garai, qué localidad tan bonita y qué feria tan bien elegida. Pasé por allí por aquello de la novedad, de la curiosidad del ser humano, y se conoce que aquí somos de poco madrugar cuando es domingo. Sin embargo, sobre las doce del mediodía ya comenzó a notarse el gentío.
Soy de esas personas que antes de ir a un sitio se montan su propia película, que se imagina cómo será lo que voy a ver y en la mayoría de las ocasiones me equivoco, y no fue la excepción con respecto a la feria de Garai. En mi mente había dibujado que la calle que sube, desde el cementerio hasta la iglesia, estaría llenísima de puestos, de flores, de colores y de olores. En gran medida así fue, pero había menos de los que esperaba. También creía que llegarían hasta el frontón y que sería difícil pasar entre tanta gente con los puestos a un lado y al otro. Al igual que encontraría un sin fin de otros tantos tenderetes en la rampa que sube haciendo zig-zag hasta la iglesia, pero eso estaba vacío.
Supongo que es un principio, y como bien se dice, todos los comienzos son difíciles. Espero que esto no acabe ahí, y que con los años se convierta en una feria de referencia en su campo, como lo son otras tantas de la comarca.