En ‘Las indómitas’, Elena Poniatowska rinde tributo a las mujeres guerrilleras que lucharon en la Revolución mexicana. A través de esta serie de ensayos, devuelve la voz a aquellas mujeres olvidadas. Leyendo la obra de la autora, me he acordado de otra mujer maltratada por la historia: Martina Ibaibarriaga.
El 26 de enero de 1788, Magdalena Elorriaga, esposa de José de Ibaibarriaga, daba a luz en Berriz a Martina. La niña fue bautizada en la parroquia de San Juan Bautista de la localidad. A partir de ahí, su historia es difusa y algo confusa. Sabemos de su existencia por un relato, que combina ficción y realidad, publicado por El Imparcial en 1883. El texto, según los expertos, tiene más de leyenda que de realidad.
La familia habría dejado Berriz para instalarse en Bilbao, donde regentaban una botica en el Casco Viejo. Allí se encontraban el 16 de agosto de 1808, cuando las tropas napoleónicas irrumpieron en la ciudad, saqueando y matando a quienes suponían un obstáculo a su paso. La familia de Martina cayó en desdicha. Los franceses entraron en la botica, donde asesinaron a sus padres y a su hermano. La joven, llena de ira, decidió vengarse. Se vistió de hombre y, bajo el nombre de Manuel Martínez, se alistó en la guerrilla.
Algunos historiadores aseguran que no es cierto que se vistiese de hombre, sino que luchó como mujer y sin ocultar su verdadero nombre. Sea como fuere, la figura de Martina Ibaibarriaga ha sido injustamente ignorada, como la de otras muchas guerrilleras.
En parte se debe a la falta de crónicas y documentación que contribuyó a ese silencio. En Berriz, tenemos a Martina Ibaibarriaga, a quien la localidad no ha sido capaz de recordar con una calle. Pero no es la única en la comarca, la duranguesa Ángela Tellería también ha sido borrada de la historia. Son las indómitas del Duranguesado. Nuestras mujeres olvidadas.