
El pasado sábado viví una sensación que nos ha pasado a todos.
Fue un día de calor, de un calor casi veraniego. A nadie nos pilló de sorpresa, porque en el tiempo venían anunciando que se avecinaba un fin de semana de andar con chanclas. Era algo que agradecíamos después de haber pasado el frío de días atrás en el que tuvimos que volver a sacar los abrigos y bufandas del armario.
El caso es que yo había hecho mis planes para hacer unas fotos en la playa, concretamente en Laga, e ingenuamente pensaba que la playa estaría prácticamente para mí solo, que habría alguna parejita dándose el lote o alguien paseando al perro, pero nada más. Mi cara cambió cuando al pasar por Laida los coches estaban aparcados en la carretera aprovechando el mínimo hueco, como si estuviéramos inmersos en pleno mes de agosto.
Después pensándolo bien me dije ???¿cómo iba a ser yo al único que se le ocurriera ir a la playa con un día como el de hoy????. Y es que esto nos ha pasado a todos cuando vamos a algún sitio creyendo que estaremos cuatro gatos y de repente al llegar al lugar te encuentras con una marabunta de gente. En mi caso fue al ir a la playa, pero ¿a quién no le ha pasado al ir a un centro comercial o al ir a hacer turismo a un pueblo perdido en el mapa?