A veces resulta inevitable mirar alrededor y ver cómo ha cambiado la sociedad. No hay duda de que el paso de los años ha aportado avances importantes en muchos aspectos. No hay duda de que se ha avanzado muchísimo en el desarrollo de los derechos de las personas. Si echamos la vista atrás para ver en qué condiciones vivían nuestras amamas y nuestros aitites no hay duda de que cualquier tiempo pasado fue peor.
Sin embargo, con el desarrollo de las nuevas eras y nuevas tecnologías parece que algunas y algunos van dejando en el olvido el valor humano. Muchas veces damos importancia a objetos que sólo tienen valor económico y no somos capaces de ver más allá de nuestros propios objetivos.
El respeto a las personas y los valores humanos debieran de estar más presente en nuestros días. Algunas y algunos no dudan en utilizar los descalificativos que sean necesarios en el ejercicio de defender lo que puedan ser sus derechos. Pero estar en posesión de algunos derechos no exime a nadie de respetar al prójimo y mucho menos cuando aquella o aquel que proclama lo que es su derecho no es capaz de cundir con el ejemplo cumpliendo debidamente con sus obligaciones.
Porque si la democracia nos ha surtido de derechos, también hay que ser condescendientes con las obligaciones que se tienen. El uso del doble rasero a la hora de valorar la labor de los demás no es ni mucho menos democrático, y así aquellas y aquellos que son capaces de ver la paja en el ojo ajeno, nunca son capaces de ver la viga en el suyo propio.
Fácilmente lanzan sus medias verdades al aire y ocultan el nulo esfuerzo que hacen a la hora de cumplir sus obligaciones. Para ellas y ellos las normas sólo están para que las tengan que cumplir los demás. Desde luego que poca cosa se puede esperar de aquellas y aquellos que creen estar por encima del bien y del mal, aquellas y aquellos que creen que pueden hacer las cosas como quieran sin que les pase factura. No se puede esperar nada de aquellas y aquellos que viven en la embudocracia donde la única ley que aplican es la ley del embudo, dejando por supuesto la parte ancha en la que todo cabe para ellas y ellos.
En democracia hay que exigir derechos, por supuesto que sí, pero también hay que cumplir con algunas obligaciones. Nos guste o no, a veces uno no puede hacer lo que quiere como quiere, si no lo que puede y como debe. Ese es el ejercicio responsable que EAJ realiza a diario, trabajo serio cumpliendo con las obligaciones. Lo demás es demagogia barata que algunas y algunos realizan desde su posición de irresponsabilidad. Durango se merece una labor responsable que mire por el bien general y así seguiremos trabajando a pesar de algunas y algunos. ¡¡¡Nosotros Durango!!!!
Tus artículos de opinión me fascinan. No te das cuenta que no lo hacéis tan fenomenal? Hay gente fantástica en el ayunta que os da mil vueltas……espero que pronto ocupen vuestro lugar…..
Algunos y algunas pagamos impuestos para que ellos y ellas juegen con nuestro dinero. Porque aquel y aquellas hacen lo que les da la gana con la paja en ojo ajeno. Para que ellas y ellos ganen las elecciones votadas por ellos y ellas. Y piensen que los y las pueden estar en la alcaldía por seculum secolorum. Pues no señores y señoras. Basta ya!!
Goiztidi, háztelo mirar, de verdad.
Tenemos un servicio de autobuses obsoleto y peligroso, como del pasado. Por nuestro bien y el del medio ambiente, ¿podrías llamar al secretario del asesor del consejero de transporte, que es de tu partido, y comentarle lo de las obligaciones y los derechos? Gracias.
Querida mía, has escrito ésto inmediatamente después de mirarte al espejo. Nuestros abuelos tenían un par bien puesto y ardía Troya si hacía falta para defender sus derechos. Deberías de ser menos narcisista para ser mejor política.