Llega el otoño y, con él, la mayoría volvemos a la rutina y a las responsabilidades del día a día. Atrás quedan los días de vacaciones, conciertos, festivales o descanso. Sin embargo, las y los durangarras no entraremos oficialmente en la rutina hasta el 24 de octubre (cuando hayan acabado los San Faustos).
Después de una pandemia global y dos años de parón, este año, estoy segura de que serán especiales. Porque se respiran las ganas de fiestas en las calles. Volvemos a encontrarnos en cuadrillas, conocemos gente nueva, reímos, saltamos y aunque tengamos fama de que en Euskal Herria no se baila, bailamos y mucho.
Sólo hace falta echar un vistazo al programa de fiestas y ver que, todos los días y durante todo el día, se organizarán numerosas actividades, conciertos… para adultos, jóvenes y las y los más pequeños. Habrá días en los que el ambiente nos sirva para liberarnos de las costumbres y de las rutinas de comportamiento del día a día. Al fin y al cabo, parece que en fiestas “todo está permitido”.
PERO TODO NO ESTÁ PERMITIDO. Un año más debemos subrayar que queremos unos días festivos sin agresiones machistas (al igual que el resto de los días del año). Y es que combatir estos ataques es una responsabilidad colectiva y para ello, todas y todos debemos participar activamente.
Porque también en fiestas, todas queremos reír, queremos disfrutar, queremos bailar… yo lo tengo claro. ¡Si no puedo bailar, no es mi revolución!